Desde que era niña la Semana Santa siempre me trae a la memoria
nazarenos vestidos de color púrpura regalando a los niños dulces y
caramelos. Tal vez por esa razón este
color siempre me ha resultado atrayente, relajante y espiritual.
El color púrpura se ha asociado desde tiempos inmemoriales a la realeza
y simboliza poder, riqueza y lujo. Es un color que estimula la imaginación y la
intuición. Capaz de combatir los miedos y aportar paz.
Esta semana, impregnada por su esencia he decidido realizar un viaje de
aroma y magia a uno de los lugares del mundo donde reina en todo su esplendor:
los campos de Lavanda en la Provenza francesa.
Queréis acompañarme en este viaje?
La lavanda o espliego es un arbusto de tallos
leñosos, ramas de espigas alargadas y flores de color morado que desprenden un
aroma intenso y fresco. Dentro de sus componentes destacan principalmente el
lanilol, que tiene propiedades energizantes y los taninos, que son útiles como
antisépticos, cicatrizantes, antioxidantes y protectores de la piel.


